El Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la demarcación de Aragón propone las siguientes aportaciones al manifiesto publicado por la demarcación de Cataluña sobre las infraestructuras hidráulicas en referencia a la situación de escasez de agua que sufre el país, y en especial el territorio y las cuencas de Aragón.

18 de mayo de 2023.- Con motivo del Día Mundial del Agua, la Demarcación de Cataluña del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos publicó un manifiesto en el que se analizan las distintas soluciones para hacer frente a la situación de excepcional sequía que se vive en España, haciendo referencia a la de Cataluña. El diario de La Vanguardia del día 22 de marzo se hizo eco y publicó un artículo titulado “Los ingenieros piden conectar las redes de agua de Barcelona con las del Ebro”, mencionando la propuesta de “interconectar las grandes redes de suministro de Cataluña para optimizar los recursos”, ya que, según explica, las redes están segregadas entre las cuencas internas de Cataluña que están bajo el paraguas de la Generalitat, y la cuenca del Ebro gestionada por organismo dependiente de la Administración Central. Como respuesta, el diario Heraldo de Aragón del 23 de marzo siguiente publicó un artículo titulado “La Diputación General de Aragón (DGA) rechaza el trasvase de aguas del Ebro que reclaman los Ingenieros de Caminos catalanes”. Según este periódico, el Gobierno de Aragón manifiesta su “más absoluto rechazo” y mantiene su “firme oposición” a cualquier proyecto de extracción que afecte al caudal de la cuenca.

La Demarcación de Aragón del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos considera que debe manifestarse en este sentido, aportando argumentos complementarios:

El principio de unidad de cuenca hidrográfica es el pilar básico de la gestión del agua en nuestro país y también de la legislación internacional en esta materia. Esto quiere decir, que la cuenca hidrográfica fluvial, junto a la zona costera asociada a su desembocadura, es el territorio en el que encuadrar la planificación y la gestión del agua.

La planificación hidrológica es un instrumento de gestión de cada cuenca hidrográfica con objetivos que evolucionan según la época y sociedad y que, en esencia, tiene por objeto la gestión racional y sostenible del agua, así como el mantenimiento del buen estado de las masas de agua. Garantizar el suministro para el abastecimiento de la población, mantener el caudal ecológico, para los regadíos, para la generación de energía eléctrica y usos industriales, entre otros, requiere del análisis pormenorizado de los recursos hídricos existentes en el ámbito geográfico de la cuenca (aguas superficiales y subterráneas) y de las mejores técnicas disponibles para incrementar la disponibilidad hídrica, sobre todo, en épocas de sequía.

En el manifiesto anteriormente citado, se resumen perfectamente cinco de las medidas que actualmente forman parte de cualquier plan hidrológico de cuenca: uso eficiente y ahorro, agua regenerada, agua desalada, uso conjunto de aguas subterráneas e interconexión de redes. Faltaría mencionar, por su gran relevancia en cuanto a volúmenes de agua potencialmente almacenable, la regulación de las aguas superficiales mediante presas y balsas esencialmente. El agua debe ser accesible; llueve, pero esta lluvia no es a demanda, se necesita regulación. Precisamente, los embalses son la piedra angular de la gestión del agua en nuestro país por el gran volumen de agua que pueden regular en las cuencas donde se ubican. Hay que guardar agua cuando llueve para poder utilizarla cuando no llueve.

La Ley 10/2001, Plan Hidrológico Nacional, tenía por objetivo cumplir el artículo 45.2 de la Constitución Española que establece que “los poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de vida y defender y restaurar el medio ambiente, apoyándose en la indispensable solidaridad colectiva”. Este Plan defendía la preferencia de la región procedente pero también preveía los trasvases necesarios del agua excedente a donde escaseaba.

En cuanto a la cuenca del Ebro, el artículo 16 del mismo, por el criterio de preferencia prescribía lo siguiente: “No se efectuará ninguna derivación mientras no circule por el río un caudal superior al mínimo ambiental más el correspondiente a las concesiones. Los embalses y sistemas hidráulicos de la cuenca del Ebro no se verán obligados a efectuar ningún desembalse con destino a favorecer los trasvases desde el Bajo Ebro”.

El Plan tenía previsto la construcción de más de 30 embalses para garantizar los usos, con las correspondientes redes de distribución. Pero esta Ley fue modificada por el Real Decreto Ley 2/2004 que fundamentalmente paralizaba estas obras hidráulicas e impulsaba las desaladoras de agua del mar. Aquellas continúan paralizadas y de éstas solo se ha construido una pequeña cantidad, dada su inoperancia por el elevado coste de la energía. Según los datos hidrológicos medios anuales del periodo 2000-2022, en la estación de aforo de Tortosa la aportación fue aproximadamente de 8800 hm3, suficiente para satisfacer el caudal ecológico (3000 hm3) e incrementar el volumen regulado en la cuenca del Ebro. Hay que indicar que no todo ese volumen de agua es almacenable porque se genera en episodios de avenida extraordinarios (grandes aportaciones de agua en poco tiempo que siempre van a superar la capacidad de almacenamiento de los embalses, salvo los muy grandes, los hiperanuales).

Debe reanudarse la construcción de las obras hidráulicas que demanda el conjunto del país, con un plan a largo plazo en un marco jurídico estable. Téngase en cuenta que el proceso de planificación, proyecto, expropiación y construcción de un embalse puede durar diez años o más. Además, hay que incluir el imprescindible mantenimiento de estas infraestructuras durante décadas para garantizar su seguridad y funcionalidad.

Sin los embalses, España sería un país muy distinto al que conocemos, con menor población, turismo, actividad económica, sistema eléctrico deficiente y mayor pobreza. Pese a esto, hoy en día nos encontramos con muchas dificultades para llevarlos a cabo por su coste, la modificación que supone en el ecosistema existente y por las afecciones sociales que genera.
Lo que está claro es que cualquier medida que se adopte para reducir los déficits estructurales o coyunturales hídricos, requiere de estudios que incorporen distintas alternativas para resolver los problemas que se plantean. Una vez elegido el conjunto de soluciones, hay que apostar por ellas hasta el final, demorar su ejecución nos empobrece y desgasta en discusiones estériles.